¡Qué fácil es echarle la culpa al «cambio climático» cuando la verdadera catástrofe tiene nombre y apellido: gestión municipal inexistente!

Lo que está pasando en Ayna San Francisco no es una «tragedia natural», es la crónica de una negligencia anunciada. Mientras las autoridades se llenan la boca hablando de «desarrollo en el VRAEM», en la práctica han permitido que la gente construya sus casas casi encima del río. No se necesita ser un genio de la hidrología para saber que si estrangulas un cauce, el agua va a reclamar su sitio tarde o temprano.

Compararlo con Arequipa no es exagerar, es advertir que estamos viviendo en una trampa mortal. ¿Dónde están los estudios de riesgo? ¿En qué se gastaron el presupuesto de prevención de desastres? Seguramente en fotos para el Facebook y viáticos, porque en el terreno lo único que vemos es desorden y fajas marginales invadidas bajo la mirada cómplice de quienes deberían poner orden.


Basta de usar el clima como excusa para tapar la incapacidad de planificar una ciudad mínimamente segura. El desarrollo no es cemento mal puesto; es que la gente no tenga miedo a morir cada vez que empieza a llover en la selva ayacuchana.

